
Decía Borges, que la derrota tiene una dignidad que la victoria no merece. El que no se consuela es porque no quiere, pienso yo. Más que de victorias o de derrotas, deberíamos hablar de éxito o de fracaso, no estoy seguro de que sean lo mismo. Por ejemplo, puedes perder un partido en casa, contra el eterno rival. Pero es un éxito congregar a 10.000 fieles cada noche, con el equipo que tienes este año. Es un éxito resistir en primera división, a pesar de que cada año tus mejores hombres se van a los equipos más ricos. Es un éxito defender la humildad, la creatividad, la libertad, la cantera, la imaginación, el respeto, el compañerismo, y hacerlo siempre con el máximo empeño. No es lo mismo ser el primero que ser el líder. El primero, desde la cumbre, no acierta a ver nada. El líder, el maestro, no sólo ve, si no que nos ayuda a ver, amorosamente, a lo largo de esta senda incierta. Quizá es pasión. O sólo demencia en un patio de colegio.