
Es extraño, un año y medio en la ciudad y ya empiezo a tener recuerdos de cosas que desaparecen. Los que lleguen ahora no tendrán ninguna memoria sobre el antiguo mercado. Somos río, y desmemoria, y ceniza, y olvido.
Hay algún malentendido, y ese malentendido será nuestra ruina















Estos días ha llovido en Barcelona, por lo que la tierra en la que se ha encontrado el barco parece arena, arena bajo el asfalto. Contemplo estos restos que parecen surgir del pasado para traernos un mensaje trágico, una advertencia, no sabemos muy bien cuál, unos restos que en cualquier caso nos hablan y nos interpelan. Unos restos que contrastan con el paisaje reinante en nuestros tiempos. No casualmente quien los ha encontrado ha sido una empresa constructora, en el solar de una próxima promoción inmobiliaria. ¿Podemos vivir prescindiendo del pasado? Sospecho que no, o al menos no de una manera cívicamente interesante...de modo que brindo por los restos hallados, brindo por que un día, nuestros muertos, salgan de las tumbas en las que hemos querido aparcarlos, que se derrumben los débiles cimientos de nuestro engañoso bienestar y nos devuelvan, por fin, con su radical lucidez, el verdadero rostro de esta ciudad que nos pertenece.










Todo esto viene a cuento porque hace unas semanas estuvimos en la festa del ginjoler, celebrada en la plaza Joaquim Folguera. Hace unos días, repasando fotos del evento que encontré en la web de Frikosal, me topé sorprendido con una en la que aparecía yo (el segundo por la derecha):

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