viernes, 30 de mayo de 2008
Pasan huyendo los trenes.
Huyen de su violencia.
El ruido forma cadencia.
Se igualan males y bienes.
Y también:
La ciudad, ofrecida en panorama,
Se engrandece ante mí. Prometiendo su esencia.
Hoy se ha ido la luz 3 horas, una gripe todavía incipiente acecha.
domingo, 25 de mayo de 2008
El libro de los argumentos improbables (VIII)
lunes, 19 de mayo de 2008
De Kingdom Com, de James G. Ballard
miércoles, 14 de mayo de 2008
lunes, 12 de mayo de 2008
Las diagonales imaginarias
bastan unas horas de trabajo
para borrar el efecto de estos tres
últimos días de vacaciones.
Tres días de tregua inesperada.
Definitivamente nunca
tuvieron razón los días laborables.
Un beso, eterna novia.
domingo, 11 de mayo de 2008
Restos del naufragio

Estos días ha llovido en Barcelona, por lo que la tierra en la que se ha encontrado el barco parece arena, arena bajo el asfalto. Contemplo estos restos que parecen surgir del pasado para traernos un mensaje trágico, una advertencia, no sabemos muy bien cuál, unos restos que en cualquier caso nos hablan y nos interpelan. Unos restos que contrastan con el paisaje reinante en nuestros tiempos. No casualmente quien los ha encontrado ha sido una empresa constructora, en el solar de una próxima promoción inmobiliaria. ¿Podemos vivir prescindiendo del pasado? Sospecho que no, o al menos no de una manera cívicamente interesante...de modo que brindo por los restos hallados, brindo por que un día, nuestros muertos, salgan de las tumbas en las que hemos querido aparcarlos, que se derrumben los débiles cimientos de nuestro engañoso bienestar y nos devuelvan, por fin, con su radical lucidez, el verdadero rostro de esta ciudad que nos pertenece.
sábado, 3 de mayo de 2008
El jueves sesión de cortos de animación en el Baff...algunos fallidos, otros mejor resueltos, pero todos ellos estimulantes. Rescato esta historia de neveras suicidas de Fujio Tanabe:
Ayer sábado excursión a la librería de Xoroi, para comprar Crucigrama, el libro de Isabel Núñez. Lo he devorado esta tarde, en menos de una hora. Lo he disfrutado, mucho. Relatos cortos, audaces, honestos...se agradece, especialmente en este tiempo, corroído por el cinismo. El libro me ha dejado unas ganas irreprimibles de salir, de gritar, de buscar, una sensación descarnada en los párpados y en las manos perplejas. Más tarde, se ha instalado en mí la convicción de que navegamos sin asideros, pero que ahí pecisamente reside la gracia, en irse desprendiendo de la carga, no para llegar a puerto (que no lo hay), sino para intentar afrontar cada embate, sin querer comprenderlo.